Yo hago mis propias encuestas, o, al ritmo que me toque bailo: Rafa Loera

Mientras en el PAN algunos todavía hacen política caminando colonias, picando piedra y sudando territorio, otros ya descubrieron la fórmula mágica del éxito: fundar su propia encuestadora, financiarla discretamente y después salir a presumir que “las cifras no mienten”. Claro, tampoco dicen quién las pagó.

La más reciente joya demoscópica que circuló esta semana parece sacada más de un grupo de WhatsApp de aduladores que de un ejercicio serio de medición política.

Según esa encuesta, Rafa Loera aparecería como el gran puntero rumbo a la candidatura panista por la alcaldía de Chihuahua capital, dejando a Manque Granados en segundo lugar y mandando a Santiago de la Peña hasta un lejano tercer sitio.

Hasta ahí todo sería parte del folklore electoral… si no fuera porque la famosa casa encuestadora Vernier resulta ser prácticamente recién desempacada, con más misterio que metodología y, según cuentan en los pasillos azules, impulsada precisamente con capital cercano al propio Rafa Loera. Vaya casualidad. Uno nunca sospecharía que una empresa nacida apenas ayer pudiera tener tanta fe en su patrocinador.

Lo verdaderamente cómico no es que Rafa salga arriba. Lo verdaderamente preocupante para su equipo es que ni en su propia encuesta logra despegar con números contundentes. Es decir, si el examen lo redactó el propio alumno y aun así apenas alcanza para presumir un liderato apretado, entonces quizá el problema no sea la encuesta… sino el candidato.

Pero la ficción no termina ahí. El ejercicio demoscópico hace además un elegante acto de desaparición política: César Jáuregui, Alfredo Chávez y Alan Falomir,  simplemente no existen. Borrados. Evaporados. Como si el método científico consistiera en desaparecer competidores incómodos para que el resultado luzca más decoroso.

El detalle es que en la vida real, esa donde la gente sí vota y no sólo responde formularios patrocinados, tanto Alfredo como Alan se mantienen incluso por encima Manque Granados en algunos sectores internos del PAN. Y Santiago, guste o no, sigue siendo uno de los perfiles más sólidos por estructura y  operación, que en términos porcentuales está en empate técnico con el exfiscal César Jáuregui.

Por eso en el panismo serio —el que todavía distingue entre propaganda y realidad— la lectura es otra: la contienda real no está entre Rafa y Manque, sino entre Santiago de la Peña, César Jáuregui, Alfredo Chávez y Alan Falomir. Ahí está la competencia auténtica, la que se mueve en territorio, estructura y grupos internos, no en gráficas diseñadas para alimentar egos.

Porque una cosa es medir preferencias y otra muy distinta fabricar espejismos. Y en política, tarde o temprano, las encuestas patito terminan sirviendo únicamente para dos cosas: para entretener a los ingenuos y para evidenciar la desesperación de quienes las mandaron hacer.

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